Rosalía de Castro

CONTINÚA LEYENDO

El título del capítulo “El cuarto oscuro” , hace referencia a que de niña, Ana María Matute , solía ser castigada a estar encerrada en un cuarto oscuro.

CREADORAS LETRAS

En su caso, lejos de que ese castigo, que la relegaba a estar en el silencio y la oscuridad, le negase su ser, se convirtió en una oportunidad para desarrollar su imaginación y crear sus historias. En una entrevista, la propia Ana María Matute decía: “Al contrario de los otros niños, empezó a gustarme ser castigada en el cuarto oscuro. Comencé a sentir y saber que el silencio se escucha y se oye, y descubrí el fulgor de la oscuridad, el incomparable y mágico resplandor de la nada aparente.” 

Esta idea de los cuartos de atrás, liga con Carmen Martín Gaite y, aunque en su caso se refería a los cuartos de juegos, hoy en día vemos como la Matute también supo convertir ese cuarto oscuro en un cuarto de juegos para sí misma y la fantasía que portaba en su infancia (como todas hemos portado y algunas aún lo hacemos). 

Esta misma fantasía e imaginación que bien observamos en la infancia es aquello a lo que esta autora recurre en sus textos, pero son también cualidades humanas que recoge y reivindica en su discurso de entrada a la Real Academia Española, discurso que también hemos utilizado para la elaboración del capítulo, con varias referencias e incluso citas al mismo, ya que compartimos esta idea de que son cualidades inherentes que hay que cultivar y que nos permiten sobrevivir en un mundo que no siempre es acogedor para todas nuestras realidades. Esto es lo que hace ella: escribir su historia a partir de su imaginación y vivir esta como una forma de memoria. 

Así, en su discurso titulado En el bosque, Ana María Matute cuenta: “Porque escribir, para mí, ha sido una constante voluntad de atravesar el espejo, de entrar en el bosque. Amparándome en el ángulo del cuarto de los castigos, como apoyada en algún silencioso rincón del mundo, me vi por vez primera a mí misma, avanzando fuera de mí, hacia alguna parte a donde deseaba llegar”; “Porque escribir es, qué duda cabe, un modo de la memoria, una forma privilegiada del recuerdo; yo sólo sé escribir historias porque estoy buscando mi propia historia, porque acaso escribir es la búsqueda de una historia remota”. Estas metáforas del mismo hecho de escribir y contar historias aparecen reflejadas a lo largo del capítulo. 

También aparecen múltiples referencias a lo largo del capítulo a su libro Olvidado rey Gudú, que además es el libro del cual ella depositó un ejemplar de la primera edición en la Caja de las Letras. Esta caja fuerte se encuentra en la primera sede del Instituto Cervantes. Como este edificio era un antiguo banco, disponía de una cámara acorazada y, en ella, diferentes personalidades, no sólo del mundo de la literatura, depositan algo relacionado con su legado para con la sociedad. Dentro de esta caja acorazada, la caja nº 1.526 es la que corresponde a nuestra literata y donde permanecerá ese ejemplar de su libro más preciado hasta el 26 de julio de 2.029

Algunas de estas referencias a su libro más preciado y de corte pacifista son las que tienen que ver con la construcción de paisajes imaginarios en los que bosques, ríos y selvas combinan a la perfección, por los que galopan caballos o se siente de cerca el miedo y la muerte. Pero también hemos querido utilizar el árbol genealógico que ella construye con los personajes de su historia como símbolo para construir el árbol genealógico de las mujeres que han pasado por la RAE y que han ido abriendo paso a las que vinieron y vendrán después, como Carmen Conde, quien ocupó el sillón K antes de que fuese Ana María Matute la que accediese a él, homenajeando a la anterior en su discurso de aceptación. 

Otra de sus obras que podéis encontrar referenciadas en el capítulo es Paraíso inhabitado, en la que Adriana, la protagonista, está al final de su vida recordando su infancia y su lenguaje propio, construído a partir de su imaginación, algo que caracteriza toda la obra de Matute. En fuentes incluimos un paper sobre este libro del que os dejamos este extracto: “La cuestión del lenguaje es, en efecto, crucial en la novela —recordemos que se nos dice al principio que Adriana no habla (2008:15)— y, por lo tanto, conviene destacar las palabras de Eduarda —la tía y amiga cómplice de la niña— que le dice a su hermana, o sea, a la madre de Adriana, que esta última “tendrá otro lenguaje” (2008:16)”. 

También encontraréis aspectos de la personalidad de la autora, por ejemplo, su forma de vivir el tiempo, la enfermedad, la vejez o la muerte. En una entrevista que le hicieron en 2003, por ejemplo, dijo: “Tengo tres vértebras hundidas, un dolor… Me rompí un codo y las muñecas. No, si yo a caídas… Ya lo digo, que no soy una mujer, soy un puzzle”. En otra entrevista le dijeron: “He leído en alguna ocasión que le teme usted a la muerte. ¿Lo vive con algo más de serenidad ahora?” A lo que Ana María Matute respondió: “Con serenidad lo he vivido, no me he subido por las paredes pensando en la muerte, pero me impresiona, sobre todo porque es un misterio. Porque en realidad no hay razón ni para que envejezcamos ni nos muramos, pero es así. Es como el tiempo, que es una invención nuestra, pero vaya que si existe cuando te miras al espejo. Si no lo aceptas, peor para ti”.

Estas ideas también pueden apreciarse en sus obras y en los personajes que en ellas aparecen. Al final del capítulo hemos querido hacer referencia a los dos libros mencionados anteriormente pero ligándose a esos aspectos que consideramos que forman parte de su personalidad y que la definen de alguna manera. También hemos querido incluir una frase que dijo en su discurso de aceptación del premio Cervantes: “Si algún día tropiezan con alguna de mis historias, creánselas porque me las he inventado”. Tal vez por tener esta forma de vivir la vida decía cosas como: No hay cosa que más me guste que un gin-tonic”.